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Lo Que Creemos

¿Por qué una Confesión del siglo XVII?

Efesios 4:9-12 dice que el Señor Jesucristo ha capacitado y establecido maestros en su iglesia. A través de los últimos 2,000 años, ha habido una multitud de pastores, evangelistas y teólogos, que el Señor ha capacitado para enseñar la Palabra de Dios y formular el entendimiento que la iglesia tiene de la fe que fue una vez dada a los santos. Con una historia tan rica y larga, una en la que el Señor ha estado edificando su iglesia sin que las puertas del infierno prevalezcan contra ella, seríamos necios si no consideráramos lo que han enseñado los grandes teólogos de los siglos pasados. Las novedades teológicas en cuanto a doctrinas principales realmente son herejías. Al afirmar una Confesión histórica como la de 1689, que radica en la tradición de la ortodoxia histórica, nos identificamos con una gran multitud de hombres piadosos que creían lo mismo, incluyendo los Puritanos, Reformadores, padres apostólicos, y más importante, los Apóstoles y el Señor Jesucristo mismo.

Nosotros, la Iglesia Comunidad de Gracia (ICG), nos aferramos a la Confesión Bautista de Fe de 1689. Todos cuales se unen a nuestra congregacion se requiere su afirmación a la Confesión Bautista de Fe de 1689. Esta confesión de fe registra nuestra creencia en el Cristianismo hístorico, Cristianismo evangelico, y la sana doctrina. En el momento que nosotros como miembros estamos de acuerdo con esta confesión, somos responsables de creer y vivir de acuerdo con ella.

Puedes descargar nuestra Confesión Bautista de Fe de 1689 Aqui

Charles Spurgeon dijo sobre la Confesión de Fe de 1689: “Este pequeño tomo no se presenta como una regla autoritativa ni como un código de fe, sino como una ayuda en casos de controversia, una confirmación en la fe y un medio para edificación en justicia. En él los miembros más jóvenes de nuestra iglesia tendrán un conjunto resumido de enseñanzas divinas, y por medio de pruebas bíblicas, estarán preparados para dar razón de la esperanza que hay en ellos. No te avergüences de tu fe; recuerda que es el antiguo evangelio de los mártires, confesores, reformadores y santos. Sobre todo, es la verdad de Dios, contra la que las puertas del infierno no pueden prevalecer. Haz que tu vida adorne tu fe, haz que tu ejemplo adorne tus creencias. Sobre todo, vive en Cristo Jesús, y permanece en él, no creyendo ninguna enseñanza que no haya sido manifiestamente aprobada por él y sea propia del Espíritu Santo. Aférrate a la Palabra de Dios que aquí es explicada para ti.” - Charles Haddon Spurgeon (1834-1892)

La Iglesia Comunidad de Gracia se aferren a la Confesión Bautista de 1689 y la Fe y Mensaje Bautista 2000 

Doctrinas Bíblicas
  • DIOS ES UNO Y ES TRINO

    Hay un solo Dios: Infinito, Eterno, Todopoderoso y Perfecto en Santidad, Verdad y Amor. En la unidad de la Divinidad, hay tres personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo, co-existentes, co-iguales y co-eternos. El Padre no es el Hijo, y el Hijo no es el Espíritu Santo, pero cada uno es verdaderamente Deidad. Un Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es el fundamento de la fe cristiana y la vida.

  • DIOS EL PADRE

    Dios el Padre, es el Creador del cielo y de la tierra. Por medio de Su palabra y para Su gloria, Él libre y sobrenaturalmente creó el mundo de la nada. A través de la misma Palabra, Él diariamente sostiene todas sus criaturas. Él gobierna sobre todo y, junto con el Hijo y el Espíritu, es el único Soberano. Sus planes y propósitos no pueden ser frustrados. Él es fiel a todas sus promesas, todas las cosas ayudan a bien a los que le aman y, en su gracia inescrutable, dio a su Hijo, Jesucristo, para la redención de la humanidad. Él hizo todas las cosas para alabanza de Su gloria y pretende que el hombre viva en comunión con Él mismo.

  • JESUCRISTO

    Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, es la Palabra eterna hecha carne, sobrenaturalmente concebido por el Espíritu Santo, nacido de la Virgen María. Él es perfecto en naturaleza, enseñanza y obediencia. Él es plenamente Dios y plenamente hombre. Siempre estaba con Dios, y es Dios. Por medio de Él todas las cosas fueron hechas y fueron creadas. Él era antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas subsisten por la Palabra de Su poder. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, y en él habita corporalmente la plenitud de la Deidad.

    Él es el único Salvador de los pecados del mundo, después de haber derramado Su sangre y muerto vicariamente en la cruz del Calvario. Por su muerte en nuestro lugar, Él reveló el amor divino y confirmó la justicia divina, quitando nuestra culpabilidad y reconciliándonos con Dios. Habiéndonos redimido del pecado, al tercer día, resucitó de la tumba, victorioso sobre la muerte y de los poderes de las tinieblas y durante un período de 40 días, apareció a más de 500 testigos, realizando muchas pruebas convincentes de Su resurrección. Él ascendió al cielo y estando a la diestra de Dios, Él intercede por Su pueblo y gobierna como Señor sobre todo, en espera de Su regreso. Él es la Cabeza de su Cuerpo y de la Iglesia y debe ser adorado, amado, servido y obedecido por TODOS.

  • EL ESPÍRITU SANTO

    El Espíritu Santo, Señor y dador de vida, convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. A través de la proclamación del Evangelio, Él persuade a los hombres a arrepentirse de sus pecados y confesar a Jesús como Señor. Por el mismo Espíritu, una persona es llevada a confiar en la misericordia divina. El Espíritu Santo une a los creyentes con Jesucristo mediante la fe, produce un nuevo nacimiento y habita dentro de esa persona regenerada. El Espíritu Santo ha venido para glorificar al Hijo que, a su vez, vino a glorificar al Padre. El dirigirá la Iglesia en una comprensión correcta sobre la verdad de la Palabra. Él debe ser respetado, honrado y adorado como Dios, la Tercera Persona de la Trinidad. A la misma vez, no creemos que el Espíritu de Dios sigue dando dones apostólicos a las personas, que las manifestaciones del Espíritu en una vida son las lenguas, las caídas al piso, el éxtasis y andar guiado por sueños, corazonadas y/o sentimientos.

  • LAS ESCRITURAS

    Aceptamos la Biblia, incluyendo los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento, como la Palabra escrita de Dios. La Biblia es el registro esencial e infalible de la auto-comunicación de Dios revelada a la humanidad. Esto nos lleva a la salvación por la fe en Jesucristo. Al ser dado por Dios, las Escrituras son ambos, completamente y verbalmente inspiradas por Dios. Por lo tanto, en su forma original, la Biblia está libre de errores, inherente, en todo lo que enseña. Cada libro debe ser interpretado de acuerdo con su contexto y efecto, y en reverencia y obediencia al Señor que habla a través de Él. Todos los creyentes son exhortados a estudiar diligentemente las Escrituras y aplicarlas a sus vidas. Las Escrituras son la norma autoritativa y normativa y guía de toda la vida cristiana, la práctica y la doctrina. Son totalmente suficiente y no debe añadirse, reemplazarse o cambiarse por la tradición posterior, revelación extra-bíblica o la sabiduría mundana. Cada formulación doctrinal, ya sea de credo, confesión o teología, debe ser puesta a prueba de todo el consejo de Dios en la Sagrada Escritura.

  • El Hombre

    Dios hizo al hombre -varón y hembra- a Su propia imagen, como la corona de la creación para que el hombre le glorificara a través de disfrutar la comunión con Él. Tentado por Satanás, el hombre se rebeló contra Dios. Al estar alejado de su Creador pero responsable a Él, se convirtió en objeto de la ira divina, interiormente depravados y aparte de una obra especial de la gracia, totalmente incapaz de volver a Dios. Esta depravación es radical y penetrante. Su depravación se extiende a su mente, voluntad y emociones. El hombre no regenerado vive bajo el dominio del pecado y de Satanás. Él está en enemistad, es hostil y odia a Dios. Personas caídas o pecadoras, sin importar su carácter o logros, se pierden sin esperanza sino es por la salvación sólo en Jesucristo.

  • El Evangelio

    Jesucristo es el Evangelio. La buena noticia es revelada en Su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión. La crucifixión de Cristo es el corazón del Evangelio, Su resurrección es el poder de la Evangelio y Su ascensión es la gloria del Evangelio. La muerte de Cristo es un sacrificio expiatorio y propiciatorio a Dios por nuestros pecados. Satisface las exigencias de la santa voluntad de Dios y la justicia aplaca Su ira santa. También muestra Su misterioso amor y revela Su gracia increíble. Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre. No hay otro nombre por el cual los hombres puedan ser salvados. El corazón de toda doctrina es la cruz de Jesucristo y el privilegio infinito para que pecadores redimidos puedan glorificar a Dios a causa de lo que Él ha logrado. Por lo tanto, queremos que todo lo que ocurra en nuestros corazones, iglesias y ministerios proceden de estar relacionados con el Evangelio.

  • RESPUESTA DEL HOMBRE AL EVANGELIO

    La respuesta apropiada al Evangelio es la fe en la persona y la obra de Jesucristo, una fe que es, naturalmente, acompañada por arrepentimiento del pecado. Arrepentimiento bíblico se caracteriza por un cambio de vida y la fe salvadora se manifiesta en un reino de servicio y obras. Aunque ni el arrepentimiento ni las obras salvan, creemos que a menos que una persona no esté dispuesta a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Cristo, no puede ser Su discípulo. Esta respuesta al Evangelio está arraigada y cimentada en la elección gratuita e incondicional de Dios para Su propio placer y gloria. Este Evangelio de la gracia es el que se predica sinceramente a todos los hombres en todas las naciones.

  • LA HERENCIA DEL HOMBRE A TRAVÉS DEL EVANGELIO

    La salvación, el don gratuito de Dios, es proporcionada por la gracia solamente, a través de la fe solamente, a causa de Cristo solamente, para la gloria de Dios solamente. Cualquier persona que se torna de su pecado en arrepentimiento y buscando a Cristo y Su muerte sustituta; recibe el don de la vida eterna y es declarado justo por Dios como un don gratuito. La justicia de Cristo es imputada a él. Él está justificado y plenamente aceptado por Dios. A través de la expiación de Cristo por el pecado, un individuo se ha reconciliado con Dios como Padre y se convierte en su hijo. Al creyente le es perdonado la deuda de su pecado y por el milagro de la regeneración, liberado de la ley del pecado y de la muerte en la libertad del Espíritu de Dios.

  • SANTIFICACIÓN

    El Espíritu Santo es el agente activo en nuestra santificación y busca producir Su fruto en nosotros como nuestras mentes se renuevan y están conformes a la imagen de Cristo. A pesar de que el pecado que mora en nosotros sigue siendo una realidad; a medida que somos guiados por el Espíritu, crecemos en el conocimiento del Señor, libremente guardamos Sus mandamientos y vivímos de tal manera que todas las personas cuales ven nuestras buenas obras glorificarán al Padre que está en los cielos. Todos los creyentes son exhortados a perseverar en la fe, sabiendo que tendrán que dar cuenta a Dios por cada pensamiento, palabra y obra.

    Las disciplinas espirituales, especialmente el estudio bíblico, la oración, la adoración y la confesión, son un medio vital de la gracia en este sentido. Sin embargo, la confianza final del creyente para perseverar se basa en la promesa segura de Dios de preservar a Su pueblo hasta el fin.

  • FORTALECIDOS POR EL ESPÍRITU

    El Espíritu Santo da poder a los creyentes para el testimonio cristiano y servicio. La promesa del Padre es de libre acceso para todos los que crean en Jesucristo. Él llama a los hombres al Salvador, y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración, Él bautiza a cada creyente en el Cuerpo de Cristo. Según las Escrituras es el Originador de una nueva vida, es el Agente de la santificación del creyente, el Iluminador de los hijos de Dios, su Ayuda en la oración, su Conforte en este peregrinar, es por Su divino poder que hemos creído, creemos y perseveraremos creyendo en Cristo nuestro Señor, quien genera el fruto espiritual tan necesario para todo hijo de Dios.

  • La Iglesia

    Dios, por Su Palabra y Su Espíritu, creó la Iglesia, llamando a hombres pecadores a entrar en comunión con el cuerpo de Cristo. Por la misma Palabra y Espíritu, Él guía y preserva a la nueva humanidad redimida. La Iglesia no es una institución religiosa. Por el contrario, la Iglesia se compone de aquellos que se han convertido en verdaderos seguidores de Jesucristo y personalmente se han apropiado del Evangelio. La Iglesia existe para alabar y glorificar a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. También existe para servirle fielmente haciendo Su voluntad en la Tierra. Esto implica un compromiso de ver el Evangelio predicado e iglesias plantadas en todo el mundo, para testimonio. La última misión de la Iglesia es la adoración, y esto se logra a través de hacer discípulos, a través de la predicación y de abrazar el Evangelio. Cuando Dios transforma la naturaleza humana, esto se convierte en el principal medio de transformación de la sociedad. Tras la conversión, hombres y mujeres recién redimidos se suman a una iglesia local en la que son enseñados, donde tienen compañerismo, donde comparten la Cena del Señor y viven una vida de oración.

    Todos los miembros de la Iglesia deben ser una parte vital y comprometida de una iglesia local. En este contexto, son llamados a salir del Nuevo Pacto como el pueblo de Dios y demostrar la realidad del reino de Dios. Cristo ascendido ha establecido diferentes ministerios a fin de perfeccionar el cuerpo de Cristo para que pueda madurar y crecer. A través de los ministerios, todo miembro de la Iglesia ha de ser alimentado y equipado para la obra del ministerio. En el contexto de la iglesia local, el pueblo de Dios recibe atención pastoral y de liderazgo y la oportunidad de emplear sus dones dados por Dios a Su servicio en relación unos con otros y con el mundo.

  • LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA

    El Bautismo en Agua sirve sólo para la persona que ha recibido los beneficios de la salvación por la obra expiatoria de Cristo y quiere ser su discípulo. Por lo tanto, en obediencia a la ordenanza dada por Cristo y como un testimonio a Dios, la iglesia, y al mundo, un creyente debe ser sumergido en agua en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Bautismo en Agua es un elemento visual y manifestación simbólica de la unión de una persona con Cristo en la semejanza de Su muerte y resurrección. Significa que su antiguo modo de vida ha sido condenado a muerte y describe una liberación del dominio del pecado.

    Al igual que con el Bautismo en Agua, la Cena del Señor, cual es un medio de Gracia para Su pueblo, debe ser observada sólo por aquellos que se han convertido en verdaderos seguidores de Cristo. Esta ordenanza simboliza la ruptura del cuerpo de Cristo y el derramamiento de Su sangre por nosotros, y se observa repetidamente a lo largo de la vida cristiana como un signo de continua participación en los beneficios expiatorio de la muerte de Cristo. Al participar de la Cena del Señor, con una actitud de fe y de autoevaluación, recordamos y proclamamos la muerte de Cristo, recibimos alimento espiritual para nuestras almas, y significa nuestra unidad con otros miembros del cuerpo de Cristo.

  • LA CONSUMACIÓN

    La consumación de todas las cosas incluye el futuro, físico, retorno visible, personal y glorioso de Jesucristo, la resurrección de los muertos y la traducción de los vivos en Cristo, el juicio de los justos y los injustos, y el cumplimiento del reino de Cristo en cielo nuevo y tierra nueva. En la consumación, Satanás, con sus huestes y todos los que están fuera de Cristo, es finalmente separado de la benevolente presencia de Dios, al castigo eterno permanente pero los justos en cuerpos gloriosos, vivirán y reinarán con Él siempre, sirviéndole y dándole alabanza y gloria sin fin. Entonces la expectativa ansiosa de la creación se ha cumplido, y toda la Tierra proclamará la gloria de Dios, que hace todas las cosas nuevas.

  • La Familia

    Dios ha ordenado la familia como una institución fundamental de la sociedad humana. Está compuesta de personas relacionada una con la otra por el matrimonio, por sangre o adopción. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto comprometido durante su tiempo de vida. Es un don sólo de Dios revelar la unión entre Cristo y Su iglesia y proveer para el hombre y la mujer en matrimonio el patrón para un compañerismo intimo, el canal de expresión sexual acorde a los estándares Bíblicos, y los medios para la procreación de la raza humana.

    El esposo y la esposa son de igual manera dignos ante Dios, desde que ambos son creados a la imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma en que Dios se relaciona con Su pueblo. Un esposo es para amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. El tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger, y guiar su familia. Una esposa es para someterse gentilmente al liderazgo servidor de su esposo así como la iglesia se somete por voluntad propia al Señorío de Cristo. Ella, siendo la imagen de Dios así como su esposo y por lo tanto igual a el, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su esposo y servirlo como su ayuda en general en el hogar y en cuidar a la siguiente generación.

    Los niños, desde el momento de la concepción, son una bendición y herencia del Señor. Los padres están para demostrar a sus niños el patrón de matrimonio del Señor. Los padres están para enseñar a sus niños los valores espirituales y morales y guiarlos a través de un ejemplo constante en el estilo de vida y disciplina amorosa, para tomar decisiones basados en la verdad Bíblica. Los niños están para honrar y obedecer a sus padres.